Por momentos, los excesos y las locuras, las rivalidades y las glorias de los hombres y las mujeres que gobernaron Rusia coinciden con los de Roma en su forma más épica. Los emperadores y emperatrices de Rusia nunca hicieron nada a medias.

SIMON MONTEFIORE, Los Romanov: 1613-1918

Estimado Amalfitano:

Esta carta va dirigida a TI y solamente a TI. Aunque lo hayas olvidado, hubo un tiempo en el que TÚ eras la máxima autoridad de las Barbas de Platón. TÚ y sólo TÚ tendrás que decidir si subirla a TU web. TÚ y sólo TÚ asumirás el riesgo de publicar nuestros polémicos relatos sobre EL ASCO. TÚ y sólo TÚ, Amalfitano. Olvida de una vez el maldito carácter asambleario de las Barbas de Platón y compórtate como un líder de verdad. Aún estás a tiempo de salvar TU Sociedad.

Los Romanov hemos seguido atentamente las aventuras y desventuras de las Barbas de Platón desde sus comienzos, hace ya más de dos años. El proyecto nos pareció prometedor en un principio; algunos de los relatos atrevidos en su temática (hasta cierto punto); el lenguaje políticamente incorrecto (según los estándares actuales), y el juego literario de los avatares francamente confuso y adictivo. Vuestra decadencia actual, fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos, es un hecho innegable cuyas causas hemos analizado en profundidad. Que conste que no estamos especulando u opinando: los Romanov, al igual que los espías zaristas, tenemos ojos y oídos por todas partes. Pero antes de entrar a desglosar dichas causas, queremos explicarte quiénes somos.

Los Romanov es una sociedad literaria organizada de forma piramidal. En la cumbre está el creador, socio capitalista, gestor y Máxima Autoridad; en la base, los escritores. Ocasionalmente ejercemos de críticos sociales, pero sólo a través de nuestras obras (esto se explicará más adelante). Políticamente, nos definimos como reaccionarios, antiliberales y firmes defensores de los sistemas autocráticos, que concentran el poder en una sola persona. Somos reaccionarios porque creemos que el “progreso” está destruyendo los valores tradicionales que sustentan nuestra sociedad. Defendemos el respeto a la autoridad y la familia como inculcadora de principios. Somos profundamente ateos, pero creemos en algunos valores cristianos como la solidaridad o la ayuda al prójimo. Del liberalismo rechazamos su individualismo y el endiosamiento que hacen del dinero y el éxito social. Estamos en contra de las democracias liberales, ya sean monarquías parlamentarias o repúblicas de cualquier tipo. Creemos que el pueblo necesita líderes autoritarios como lo fueron los Romanov durante siglos. Puesto que la disciplina y el orden son imprescindibles, preferimos que nos los imponga un líder déspota, que exhiba su poder sin complejos y haga temblar de miedo a sus súbditos. El político actual, profundamente corrupto pero suave en sus discursos y en sus formas, nos parece infinitamente más indeseable e inmoral. Como artistas, estamos en contra de cualquier tipo de censura, aunque la aceptamos como algo inherente a toda sociedad. Rechazamos de plano la figura del artista-intelectual que expresa sus opiniones en medios de comunicación y redes sociales. Creemos que el artista debe elegir el terreno de batalla y combatir la censura solamente a través de sus obras, utilizando el ingenio para sondear sus límites y traspasarlos. El artista debe asumir la censura como uno más de los obstáculos inherentes al proceso de creación. Los Romanov preferimos como adversario al censor tradicional que al censor colectivo y democrático de las redes sociales.

Volvamos ahora con el tema que nos atañe. La primera causa de la decadencia de las Barbas de Platón es la ausencia de un líder fuerte. Amalfitano, ¿cómo puedes permitir que el insolente de tu sobrino te hable así? ¿Y que Dani Chinaski esté jugando a dos bandas, escribiendo su propio blog en paralelo? Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que se trataba con respeto a los adultos. Siendo además la máxima autoridad de las Barbas de Platón, tu permisividad ante dichas actitudes nos parece demencial. El ejemplo de los Barberos díscolos está corriendo como la pólvora. ¿Cómo se te ocurre dejar que se expresen públicamente? Un líder de verdad no discute con sus súbditos, y menos aún a la vista de todos. Las rebeliones internas deben atajarse de raíz, Amalfitano. A los insurgentes se les fusila o se les manda a Siberia. ¿Recuerdas cómo acabó Nicolas II, el último Romanov, y toda su familia?

La segunda causa de vuestra decadencia es el exceso de individualismo. Lo que empezó como un proyecto conjunto se ha convertido en un corral de pollos sin cabeza que, paradójicamente, no cesa en su cacareo. Cada Barbero va a lo suyo, y el resultado salta a la vista. En esto, Amalfitano, coincidimos con tu sobrino. Si hubieras sido rígido e implacable con los plazos, no habríais llegado a esta situación. La solución no pasa por abrir un asambleario buzón de sugerencias para que cada Barbero diga lo que le dé la gana. El líder de los Romanov no ejerce jamás como censor de relatos literarios, pero sí de relatos de opinión. Tú deberías hacer exactamente lo mismo, Amalfitano. las Barbas de Platón es una web literaria, no el confesionario de Gran Hermano.

La tercera y última causa es, por supuesto, la autocensura. Intentar determinar hasta qué punto la ha ejercido cada Barbero sobre sus propios relatos sería entrar en el terreno de la especulación. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que hace un año celebrasteis una votación interna. ¿Qué ocurrió en aquel referéndum, Amalfitano? ¿Cómo permitiste que tus Barberos decidieran que el tema del feminismo sería “inapropiado” para una colección de relatos? ¿Dónde quedó la “libertad total para el artista” que tanto pregonabas?

Estamos llegando al final de esta carta. Como señalamos al principio, Amalfitano, salvar las Barbas de Platón depende solamente de TI. Aun así, como fieles seguidores y en un ejercicio de nostalgia, hemos decidido poner nuestro granito de arena. Además de esta carta, que confiamos será publicada próximamente, os adjuntamos tres relatos sobre EL ASCO. Cada uno de ellos ha sido escrito por un Romanov, y lo único que tienen en común, además de la temática, es una voluntad clara de pisotear la corrección política que últimamente se ha instalado en vuestra web. No son relatos para todos los públicos, pero ¿quién dijo que el arte deba ser democrático y no elitista? Sin duda os harán perder algunos lectores de piel fina y sensibilidad excesiva. ¿Estás dispuesto a correr el riesgo? La decisión es TUYA. Atentamente:

            LOS ROMANOV

 

P.D. Permaneceremos bien atentos a cualquier atisbo de censura y la denunciaremos públicamente en caso de que se produzca. No queremos ni una sola palabra eliminada, ni de esta carta ni de nuestros relatos.