El Asco

El muelle

A los hombres se les iluminaron los ojos, tanto a los que conocían el muelle como a los que no. Las mujeres se miraban de reojo unas a otras. Sus caras de póker sólo se alteraron, tornándose en caras de asco, con la intervención de Antonio. Éste intentó explicar cómo había conseguido las píldoras, pero Chema le gritó que “cerrara la puta boca y le dejara terminar”. Al ver que el plan estaba a punto de venirse abajo, Borja decidió intervenir…

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Sexo en la mierda

No podía dejar de mirar a Laura ¡Qué mujer! Morena y con un cuerpazo, estaba subida a una rama gruesa de un árbol y realizaba movimientos pélvicos mientras sostenía una botella de Jack Daniels de la que bebía sin control. No cesaba de danzar y el movimiento de sus rotundos y voluptuosos senos me tenía hipnotizado. La marihuana tiene el efecto en mí de concentrarme en exceso y olvidarme de todo lo demás, por lo que mi nivel de percepción se centraba únicamente en esas dos masas que chocaban una con la otra a un ritmo delicioso. Tan extasiado estaba que no la vi venir cuando se acercó a mí y me dijo: -¿Qué haces, Pedro?

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Ensayo sobre el asco Número 2

– Próxima estación, Vodafone Sol.

Con mucho esfuerzo y voluntad consigo abrir los ojos, pero una luz blanca, artificial, me ciega, obligándome a cerrarlos de nuevo. Me encuentro exageradamente mareado, somnoliento. Apoyo la cabeza en una barra vertical y siento el inconfundible traqueteo, de golpes secos y metálicos, del vagón cambiando de vía. Lo he vuelto a hacer: me he quedado dormido de camino a casa. Trato de recordar cómo he llegado hasta esta situación, pero es inútil… No sé cómo he llegado hasta aquí…

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