Querido tío Amalfitano:

Tengo el placer de comunicarle que tenemos un nuevo miembro para nuestra Sociedad. Se hace llamar Dilip Ícaro. Su perfil, como verá, difiere un poco respecto al del resto de barberos. Se trata de una apuesta personal. Después de todos estos meses viajando por el mundo y teniendo encuentros variopintos, creo que me estoy haciendo inmune a las situaciones surrealistas. Mi anecdotario personal va creciendo gracias a la oportunidad que me brindó. Está siendo toda una experiencia. Le anticipo que la captación de este caballero ha sido toda una aventura. Espero que le guste esta historia.

Atentamente,

Igor

 

Me encontraba tomando un café en una terraza al sol. En mis manos, un periódico del día anterior. Las noticias se sucedían sin que nada llamara mi atención: una entrevista a un ministro, un intento de atraco en un banco, una manifestación indígena en Perú… Cuando llegué a la sección de sociedad, observé una infografía sobre la sonda Cassini de la NASA. En el dibujo principal se describían los principales hitos del viaje de la nave por el sistema solar. En su travesía de más de 20 años había estudiado Júpiter y Saturno con sus anillos y lunas. Perdido en mis pensamientos, intenté cuantificar semejante proeza… 3.500 millones de kilómetros recorridos… Volví a echar un vistazo a la página. Había algo extraño en aquellos textos que no terminaba de entender. Algunas letras estaban impresas de un color amarillo chillón y resaltaban sobre las demás. Saqué mi cuaderno y las apunté en orden. Al mirarlas no entendí nada. “Juntos Titán y Encélado encuentro intercambio”. Estaba claro que el autor quería mandar un mensaje a alguien. Volví a mirar aquel mapa estelar y busqué alguna pista más… Encontré Titán (el mayor de los satélites de Saturno) y un poco más allá estaba Encélado (su sexto satélite). Un escalofrío me recorrió la espalda. Por instinto, doblé la página e hice coincidir las dos mitades de las lunas. Parecía que había algo escrito pero era diminuto. No lo podía leer.

Arranqué la hoja del periódico, pagué el café y me dirigí a toda prisa a unos grandes almacenes cercanos. Había un tipo con una chaqueta roja en la puerta.

–¿Por favor dónde puedo encontrar una lupa? –pregunté.

–Sección de papelería, segundo piso pasillo C –contestó automáticamente

Subí las escaleras mecánicas impaciente, sorteando a los compradores. Llegué al lugar indicado y saqué una lupa de diez aumentos. Volví a doblar el papel y esperé unos segundos para enfocar. Tuve que deslizar los dedos para que las piezas encajaran… “Nervión Plaza, mañana, 20.45h, girasol” y justo debajo un extraño símbolo. No entendía nada. Hice una foto con mi teléfono y dejé la lupa en su sitio. Busqué en Internet la reseña “Nervión Plaza: Calle Luis de Morales, 3, 41005 Sevilla”… Eran las seis de la tarde. A las siete y media estaba sentado en el AVE, primera clase, destino Sevilla.

Me acomodé en mi asiento y enchufé los auriculares a la radio. Sonaba una ópera en la que el intérprete entonaba bastante motivado. “Pronto a far tutto, la notte e il giorno  sempre d’intorno in giro sta. Miglior cuccagna per un barbiere, vita piu nobile, no, non si da”. Sonreí y al poco estaba dormido.

La voz de una azafata por megafonía me despertó.

Última parada, Sevilla Santa Justa sonó.

Al salir de la estación, noté enseguida un ambiente más cálido que en Madrid. Había anochecido ya. Encontré un hotel muy cerca, dejé mi macuto en la habitación 110 y salí a cenar y dar un paseo. A las doce ya estaba en la cama.

Antes de dormir revisé la foto que había hecho con el móvil y miré fijamente el símbolo bajo el mensaje. Hice una búsqueda rápida. Era el emblema de la misión Cassini. Uno de los resultados me llamó la atención. Al parecer la NASA había fabricado dos emblemas conmemorativos en oro, uno para el presidente Trump y otro para el administrador de la agencia espacial, Charles Bolden, a quien le habían sustraído recientemente el preciado objeto. Cansado, me sumergí en un profundo sueño.

Al día siguiente, mientras desayunaba en el buffet del hotel, empecé a arrepentirme de lo que estaba haciendo. Me parecía muy interesante que una persona mandara un mensaje secreto en un periódico, pero ese mensaje no iba dirigido a mí. Me podía meter en un lío. Intenté tranquilizarme, iría a la cita como mero espectador, observaría lo que pasara e intentaría hablar con el autor. Saqué la hoja, que aún estaba en mi bolsillo. La infografía de la Cassini y el texto que la acompañaba estaba firmado por un tal D. Ícaro.

A la hora indicada salí hacia el misterioso encuentro. Caminaba por la calle Kansas City y observé que mucha gente ataviada con camisetas de fútbol y banderas del Sevilla avanzaba en mi misma dirección. Pregunté a un padre que iba con sus dos hijos:

Disculpe, ¿hay partido hoy?

¡Qué va! es la procesión de la Esperanza de Triana contestó.

¿Cómo?

Claro, illo… Sevilla-Manchester de shampions… y er tío…  está más perdío que un pulpo en un garaje. ¿En qué planeta vives mi arma?

Intenté contestarle algo ingenioso, pero no me dio tiempo y se perdieron entre la multitud. Los vítores y el ruido crecían según avanzábamos como sardinas en lata. La calle estaba cortada y la policía escoltaba a un numeroso grupo de ingleses con insignias rojas que mostraban signos de embriaguez. Parecían muy violentos, nunca había visto de cerca un hooligan.

Llegué al Nervión Plaza, que resultó ser un centro comercial pegado al Estadio Sánchez Pizjuán. No sabía qué hacer, entre aquella marabunta me sería imposible encontrar a mi objetivo. Faltaban 5 minutos para la hora indicada. El edificio estaba compuesto por dos bloques simétricos de dos pisos. En el centro había una plaza. La parte superior de ambos se conectaban por un puente con diferentes bares y restaurantes. Decidí subir para tener vista de pájaro.

En cuestión de segundos el gentío desapareció engullido por las puertas de acceso al estadio. De repente se hizo el silencio. Desde aquel coliseo comenzó a oírse un himno a coro, el sonido de 42.000 gargantas cantando al unísono “Y es por eso que hoy vengo a verte… sevillista seré hasta la muerte, la Giralda presume orgullosa de ver al Sevilla en el Sánchez Pizjuán…”. Me quedé helado: a su manera, era hermoso.

Salí de aquella ensoñación momentánea. Abajo en la plaza, apoyado en una columna, había un tipo bajito con traje, barba cuidada y peinado con raya a un lado. Llevaba en su mano un enorme girasol. “Nervión Plaza, mañana, 20.45h, girasol”. Sin duda era D. Ícaro. Casi al instante aparecieron dos tipos asiáticos caminando hacia él, uno bastante corpulento con camiseta de tirantes, el otro, más menudo, pero con pinta de peligroso. En su reluciente cabeza afeitada se podía distinguir el tatuaje de un hombre-dragón. ¡No puede ser! ¡El tipo del Soho! Lo que ocurrió después duró sólo un minuto. El más grande sacó una caja pequeña de una bolsa de deportes y se la dio a D. Ícaro; éste le entregó a cambio el girasol. Acto seguido, cada uno marchó en una dirección. Busqué con la mirada a mi objetivo y bajé rápidamente las escaleras. Le seguí a una distancia prudencial. Después de callejear un buen rato, doblé la esquina de una calle estrecha y me lo topé de frente. Me agarró de la pechera y me empotró con violencia contra la pared.

¿Por qué me estás siguiendo?

¿Es usted D. Ícaro?

Aquí soy yo el que hace las preguntas, ¡contéstame!

El mensaje…balbuceé.

¿Qué mensaje?

El del periódico…

–Interesante comentó a la vez que me soltaba.

Pese a lo tenso de la situación él parecía tranquilo. Yo los tenía de corbata.

Sígueme, me gustaría charlar un rato, me has intrigado. ¿Vives en Sevilla? preguntó.

Comenzamos a andar en paralelo.

No, vine desde Madrid para conocerle.

¡Ja! para conocerme a mí. Debes tener una vida muy aburrida.

No se imagina lo poco aburrida que es mi vida hoy en día. Por cierto, me llamo Igor.

Dilip Ícaro, encantado. Seguimos hablando porque no hueles a poli. De haberlo sido te hubiera matado en esa esquina…

No soy policía…–dije dando un paso atrás.

Lo sé, no te preocupes. Vamos a tomar algo. Estoy seco e intuyo que quieres algo de mí.

Así es… me parece buena idea contesté.

En pocos minutos llegamos a un pequeño bar estilo andaluz, de esos con sillas rojas de madera y asientos de mimbre, decorado con cabezas de toros, algún que otro traje de faralaes y fotos firmadas de cantaores de flamenco.

Nos sentamos en una esquina poco iluminada, frente a frente. Pidió dos cervezas, dio un largo trago y me miró fijamente. Aquella mirada me intimidó. Bajé la vista hasta dar con algo brillante en su solapa. Me quedé rígido al ver aquel emblema de oro.

Hablemos de negocios, Igor. ¿Qué se te ofrece?

Tragué saliva y le expliqué el proyecto de nuestra SVCRL. Él escuchó atentamente con cara de póker. Cuando terminé, me dijo:

Pensaba que trataríamos de otros temas. No dejas de sorprenderme, muchacho. Te doy las gracias por tu interés, pero no tengo tiempo para jugar a ser escritor. Como has comprobado, estoy pluriempleado.

Esta colaboración puede ser muy beneficiosa para usted insistí.

No es cuestión de dinero, Igor, todo lo que hago es por amor al arte y al conocimiento.

En eso mismo consiste el ejercicio que le propongo. Escribir un relato implica conocimiento y arte. Ese será su beneficio.

Vi la duda en sus ojos, pedí otras dos cervezas y pensé en darle una vuelta de tuerca a la conversación.

Me gustó mucho su infografía de la nave Cassini. Es increíble los avances que tenemos hoy en día. ¿Tiene pensado publicar algo interesante próximamente?

Estoy estudiando la primera circunnavegación del globo, el viaje de Magallanes. Todo el mundo le atribuye el mérito, pero en realidad murió en Filipinas a mitad de camino. Nunca dio la vuelta al mundo. De hecho estoy aquí en Sevilla precisamente por eso. Hay una reproducción de la Nao Victoria, la única de las cinco naves que regresó de la travesía.

¿Ve? ¡Eso es justo lo que necesitamos! Mentes interesadas e inconformistas. Por eso, señor Ícaro, le quiero en mi barco.

Se quedó meditando un instante…

Mira, Igor. Me uniré a tu panda si juegas conmigo a un juego muy sencillo…

Subió a la mesa la caja que le habían dado los chinos y puso las manos encima.

¿Qué crees que hay dentro?

Me quedé pensando unos segundos. Era todo o nada, me tenía que tirar a la piscina y lo hice.

Deduzco que se trata de algo valioso e ilegal, por el secretismo y las formas del encuentro con sus amigos. Creo que es algo frágil y antiguo, por el cuidadoso embalaje de la caja. Me atrevería a decir que es un artículo que viene de Asia, como los tipos que se lo han traído… Espere… ¡es algo relacionado con la travesía de Magallanes! Porque a usted le gusta ser parte de las historias que cuenta. le dije mientras miraba fijamente el emblema de Cassini en su solapa.

Estoy impresionado Igor, te has acercado bastante. Se echó la mano a la solapa–. Dile a tu tío que podéis contar conmigo.

Estupendo, así lo haré. Una última cuestión, señor Ícaro, si no es indiscreción, ¿Qué contenía el girasol?

Algo vital para esos chinos. Información muy detallada sobre el paradero de alguien a quien buscan desde cierto incidente en el Soho de Londres.

Don Shave… pensé para mí.

 

PD1: Después de varias cervezas, la conversación fue por otros derroteros. Recuerdo que en un momento dado nuestra nueva incorporación se comparó con Rossini, el autor de El barbero de Sevilla. Al parecer era un vago redomado, pero cuando se ponía a crear… Dicen que su ópera prima la creó en tres semanas. Tendremos que estar atentos en este aspecto, para que las aportaciones del señor Dilip Ícaro cumplan nuestros objetivos.

PD2. Cuando llegué a casa tenía un email de un tal D.I. con una imagen adjunta. Lo comparto con usted como ejemplo del curioso sentido del humor de nuestro nuevo amigo…