Recuerdo que un tío de mi mujer, en tiempo de vocaciones, se fue de misionero al Perú y sembró allí su evangelio de bolsillo, apropiándose con pertinacia de las joyas arrancadas a la imaginería de los antiguos peruanos, como monedas de oro de veinte soles, colgantes de collares de plata, pendientes de filigrana con piedras preciosas, sellos de sortija de oro, cinta de plata de aspecto elegantísimo con la inscripción intercalada en la ornamentación que dice: “La soberanía de Inca”, con ese afán de rapiña típico de clerecía que mostraron en la pasada edad, y muestran en la presente tanto como en la venidera.

En este arte de robar, toda esa hispana gente de alzacuello y de sotana fue muy facultativa y experta. Y no digamos en adulterar a la mujer indígena, y pedofiliar a los infantes y a las niñas.

Este tío estuvo en Iquitos, Tabatinga, Chachapoyas, Cajatamba, Jauja, Ayacucho, San Juan, Chuquibamba, y Pacacha. En estos lugares, sus ecos Rebuznantes ínclitos resuenan. El nos recuerda que a las rectorías de las parroquias venían las madres a hablarle con ejemplos y pruebas que sus hijos eran una lumbrera, aunque algo atrasadillos, y que en él estaba en hacerles el bien de aprobarles las asignaturas del colegio, pues ellas, a cambio, le procurarían cuantos bienes él quisiera y, aun muy a su pesar, le ofrecían su bella prenda.

El tío cura este nos cuenta orgulloso que, hasta sobre la mesa del escritorio se sentaban y se abrían de piernas, suplicándole:

-Acepte, padre benévolo, mi ofrenda; cumpla su deber en practicarlo.

Este recuerdo me viene por culpa de toda esa propaganda de másteres conseguidos por gente de bien y políticos, motejados como asnos, que han conseguido sus másteres en rastros universitarios, y que han convertido estas universidades en cuadras y corrales, indicándonos los medios verdaderos de acertar y conseguir títulos y prebendas.

Y es este clamor tan motejado que nos ha hecho el gran servicio de aclarar nuestra mente, pues bastante tontos hemos sido, y saber, por ejemplo, que la fama en el teatro y en el cine, en la elección de “miss” pueblo, ciudad o universo, está reservada al As de oros o culo (¡Oh gloria nuestra¡), y los másteres, títulos universitarios y carreras están al alcance del Ano, sobre todo si se le sube hasta el cielo.

En la Nao de Colón, por ejemplo, y las demás carabelas de los hombres admirados que descubrieron otro mundo, bien nos lo dicen:

– Cuando la nueva tierra estuvo al alcance de la mano, a todos se nos puso tiesa.

Y el mismo Juan de la Cosa, piloto en su expedición de Hojeda, exclamaría:

–En voz alta digamos, compañeros y hermanos, lo que vale un polvo echado a tiempo.

La Historia de la conquista de América, con sus gracias, victorias y cetros, no tiene desperdicio. Todo se consiguió a base de polvos, tiros en la nuca o en la barriga con mil bendiciones de la santa madre iglesia, como indicara el padre Arcos, quien, asombrado de un lance amoroso de animal retiró a la Jumenta que debajo estaba y se colocó él a cuatro patas, viéndose convertido en Asna; y recordándosele, para la Historia, como la “Burra de Balam”.

Daniel de Culla