Viajer Bagdad

Markt Swaben, Apartments C. Reixinger. 22-XI-2018

Para Chloé cuando tenga 18 años

En el día señalado por el ayuntamiento para la recogida de enseres viejos, se despliegan brigadas de furgonetas blancas invadiendo los barrios casi o ya gentrificados. En el asiento del copiloto los churumbeles agitan sus brazos y sus madres señalan las piezas a cobrar por los conductores.

Los contenedores de obras de los barios altos siempre suelen atesorar curiosos desperdicios, herencias, reformas, etc. En la pugna entre dos clanes por una cómoda art déco se deslizó un sobre amarillento que contenía una carta fechada en 1930:

Estimado Dr. Forense, Don Casimiro Óbito

C/Espoz y Mina s/n Madrid

Perdone el atrevimiento por dirigirme a Vd.,sin haber sido presentados, pero exigencias profesionales y personales del más alto nivel me impulsan a hacerlo con urgencia.

Hace tiempo reside entre nosotros un individuo, por más que indocumentado, que se dice proveniente de la Madre Patria, y que ha sido recogido en esta benéfica institución que me honraba dirigir hasta ahora, para prevenir, entre otras cosas, que su dolencia, de la que hablaré ahorita mismo, infecte al resto de la población guatemalteca, ya que parece haber contagiado con sus hábiles artimañas al resto de internos aquí residenciados.

Se trata, a mi juicio, de aguda esquizofrenia tripolar delirante (escisión en tres),con rasgos evidentes, por su espontaneidad, de Psicoquinesis Espontánea Recurrente (Fodor,N.,Roll,W.),que trastoca, por su peligrosidad, la habitual convivencia en este centro. Aunque a su ¿juicio?,el de él, es una persona “correctísima”.

Achacó el cuadro médico determinados “desvaríos” a la ingestión de drogas y estupefacientes (pensé en la mescalina),a las que el citado interno, también, por qué no decirlo, se adiciona con facilidad. Pero la perturbación fue en aumento al comprobar que incluso con camisa de fuerza o aislado, comportábase de forma similar a cuando nos lo entregaron los carabineros.

Afirma el indocumentado, llamarse Mirabeau, de profesión “orador”,aunque en sus ratos libres dice dedicarse a la docta profesión de actor, cuestión esta que se empeña en demostrar continuamente.

Así, por ejemplo, cuando entra en el Refectorio, entre tics y espasmos, lo hace gritando a todo pulmón; y a su alrededor sin explicación alguna, giran cucharas y tenedores sin orden aparente, volando o más bien zambulléndose en el aire; que atribuyo a una especie de electromagnetismo.Y los presentes responden al unísono: MIRABEAU!¡MIRABEAU!¡MIRABEAU!,acompañándose de palmeos y golpes de bandeja, que a la sazón son metálicas, provocando un horrísono y ensordecedor alboroto.

Tenemos aquí por siempre la saludable costumbre, espero que allá en la entrañable Madre Patria también, de orar en las comidas con textos bíblicos, o bien reflexionar con lecturas edificantes, con las que nos deleita Olga, una interna de origen ruso que declama muy bien. Pero el taimado Mirabeau, o como quiera llamarse, permuta los textos programados por otros de dudoso gusto, llevando a la excitación extrema y a la alteración de las pasiones (a veces bajas, muy bajas) a los comensales: se han llegado a entablar verdaderas batallas de corte medieval con trozos de “ensaladilla rusa”.

Unióse en sus francachelas a un desdichado, Suárez, que se cree coronel y descendiente de Simón Bolívar. En sus escapadas nocturnas, contando con la connivencia del servicio (Laura, la cocinera, una sirvienta llamada Ramona, y el matrimonio de guardeses Escolástica y Damián),se envuelven en capas y empapados en ron, con el que corrompen al sereno, se convierten en tripulación pirata a la deriva, bajo los seudónimos de Capitán Morgan y Santyago Oruxo; que contumaces sin desmayo, tratan de asaltar los balcones de una galería próxima donde reside la hacendada Dª Hortensia, con su prometido Abelardo y el hermano de éste, Sebastián.

Menos mal que a la vuelta de sus correrías son apaciguados con relativo éxito por dos residentes: Magda y Clara (dos ángeles, sí señor), que han adoptado al desgraciado “coronel” como padre.

Cuando aparentemente se encuentra calmado, cuando deja de hipar (no sin tratamiento de nuestro médico residente Hipólito), al que desquicia continuamente llamándole “hipódromo”, es conducido al patio, donde tirándose por el tobogán y en el columpio, proclama a los cuatro vientos sus soflamas entre palabrotas, y por supuesto, conducta inapropiada, profiriendo en su verborrea blasfema el ritual budista de las cinco M (Matsya, Mamsa, Madya, Mudra y Maithuna). Allí convence a los reunidos, sobre todo a los más ancianos, para realizar estrambóticas tablas de gimnasia, amenazándoles sin descanso con no darles “matrícula de honor como a Emilianito”.Ya hemos tenido que atender varias lipotimias, hipoglucemias y golpes de calor.

Todo esto Sr. Forense, lo tenemos asumido, pues ante las reiteradas denuncias al Juzgado de Guardia, siempre se nos remite al mismo Juez, quien acompañado de un afónico oficial apellidado Menéndez, reconstruye parsimoniosamente los hechos hasta la exasperación, preguntando siempre: ¿dónde está el cadáver?…

En ese momento, el desventurado, de cuyo nombre no quiero acordarme, blandiendo un prensapurés, le amenaza con tirarle la máquina de sacar cera, con lo que se inicia la desbandada de la Justicia.

Lo anteriormente expuesto no tendría importancia desde el punto de vista profesional,Vd. lo entenderá bien, dada su conocida solvencia y experiencia.Ahora bien, lo realmente intolerable, es cuando se transgrede la frontera de lo personal e institucional.

Pretende el “innombrable”,que mi enfermera ayudante, Delfina, y yo mismo, fíjese Vd.,somos amantes; que él me la ha cedido, o mejor dicho, que yo se la he robado por el poder de mis “bigotes”,que apoda de gato, de jaguar, de ocelote…

Y alienta a su jauría de acólitos al asalto de las dependencias y de mi persona, a los gritos de guerra de: como en el “sitio de Gerona”, dice, o bien, “por la Guerra de la Independencia”,“como en Arapiles”… ¡Todo lo sabe el forense! ¡Sí, sí, D. Casimiro!…Él lo sabe todo!

Y ocupando aposentos, se atrincheran en ellos, abarrotando las paredes de dibujos de rostros aterradores, desquiciantes, y los llenan de setas muscarias y jugo de epilobium, sabandijas, babosas y gusanos pululantes; reinando por lo tanto el espíritu del mal, donde no falta la crueldad, el sadismo, la duplicidad, el instinto violador, o la pérfida envidia: todo lo prohibido, lo ignominioso e inconveniente, lo irreverente.

Y allí, maquillándose en la fealdad y posando de forma desvergonzada, representan pantomimas en las que se ultraja a las más altas instituciones y tradiciones. Han llegado a arrancar una bañera sobre la que pasean a alguno de ellos simulando desangrarse y lloran por la muerte de Marat; o bien desnudan a una joven doncella y la fustigan a latigazos invocando a su deidad: Sade, mientras suena de fondo la “Marsellesa”.

Suicidio de Marat. David

Todo esto lo observo furtivamente por el ojo de la cerradura, aunque a veces me tapan la panorámica con el ojo de algún trasero, llamándome “voyeur”.

La mayoría de ellos suelen pasear hablando solos, manteniendo conversación o soliloquio con una sombra a la que percibo pero no logro ver. A veces pienso si no será esa sombra quien maneje sus pensamientos y actos.

Empiezo a temer por mi vida, porque ese “engendro del demonio” sugiere en su disparate que o me suicido de verdad o me mata.Pero ¿por qué he de suicidarme? y además,¿cómo se suicida uno de mentira? Estas preguntas a las que me veo inducido están produciéndome verdaderas conmociones y alteraciones, no ya en mi estado de ánimo, que avanza hacia el desconsuelo, sino en mi sueño y ritmo vital.

 

He aquí el motivo último de que le reporte esta misiva, para el que espero me colabore y me digne su pronta y tan necesaria ayuda.

Posdata: Parece que este botarate ha enviado unos pliegos a un tal Jardiel Poncela con un ensayo titulado “ESTUDIO POLÍTICO DEL CADÁVER DEL Sr. GARCÍA”.

Como puede ver, no puede haber escogido título más delirante. A saber qué sandeces y majaderías contará en semejante manuscrito.

Le ruego que prevenga a quien supongo respetabilísimo señor, de semejante entrega, y de las ulteriores consecuencias.

A mi modo de ver debería ser entregado a las autoridades en cuanto se recepcione, para evitar males mayores.

Quezaltenango, 28 de diciembre del año del señor de 1930.

Dr. Ataulfo Efraín García-Livingston. Director del Lazareto de Quezaltenango (Guatemala)

Allá por febrero de 1930, concretamente el 21, se representó en el Teatro de la Comedia de Madrid la obra de teatro “El cadáver del señor García” de Enrique Jardiel Poncela, y que cosechó un sonoro fracaso el día de su estreno: obra en tres actos que termina con el suicidio fallido de un tal Mirabeau al que le falla el revólver.

Leyendo la sinopsis de la obra se puede apreciar la similitud existente entre los personajes de la obra y los que menciona la extraña carta:

Mientras Abelardo se encuentra en la casa de su prometida Hortensia y brinda por la felicidad de su inminente matrimonio, el desesperado señor García tiene la ocurrencia de colarse en el saloncito contiguo para suicidarse. Los enamorados, los porteros, las criadas, los amigos de la pareja, los vecinos de la casa, entre los que no faltan un coronel, un orador (Mirabeau) y una recitadora rusa, más un juez ceremonioso y un forense fuera de lo común, forman esta galería de personajes al servicio de una trama disparatada y repleta de originales golpes de humor. El cadáver, el presunto suicidado Sr. García, parece que tenía algún asunto entre manos con Delfina, esposa del Sr. Mirabeau”.

Jardiel Poncela fue escritor vanguardista, humorista, escenógrafo, poeta, inventor y reputado autor teatral famoso por sus innumerables obras, entre las que destacan: Eloísa está debajo de un almendro;Vd. tiene ojos de mujer fatal; Los ladrones somos gente honrada; Tú y yo somos tres… Adaptaciones cinematográficas: Es peligroso asomarse al exterior; Los habitantes de la casa deshabitada; El amor es un microbio… O novelas como: Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?; La “tournée” de Dios; Intimidades de Hollywood; Los 38 asesinatos y medio del castillo de Hull…

Representante aventajado del teatro y literatura del “absurdo”, trabaja entre 1932 y 1935 como guionista en Hollywood para la Fox Film Corporation. Pero acostumbrado a escribir en los bares y cafés de Madrid, no se adaptó a los estudios, provocando que la productora reprodujese un café madrileño en su despacho. Parece ser que se hizo famoso entre la fauna hollywoodiense, entre la que se encontraban Charles Chaplin y los hermanos Marx, con quienes congenió bastante, y cuya influencia se puede rastrear en sus disparatadas obras posteriores.

Enrique Jardiel Poncela

Partidario del bando franquista durante la guerra civil, él mismo expresa las circunstancias personales que justifican su toma de posición: “El 18 de julio, tres forajidos y dos mujerzuelas me quitaron de mis propias manos el automóvil, ganado a fuerza de trabajo, de lucha y de esfuerzo”; la breve e injusta detención el 16 de agosto de 1936 bajo la acusación de ocultar al político Rafael Salazar Alonso, permaneciendo en libertad vigilada; y la profanación de la tumba de su madre: “los marxistas entraron en Quinto… y hollaron el silvestre cementerio; y la losa blanca de la sepultura fue hendida, y las letras del nombre dispersas, y todo destruido y aventado”.

Finalizada la guerra continuó su carrera teatral y literaria, no recibiendo la menor prebenda oficial ni oficiosa, al contrario, la reiterada persecución de la Censura, que no veía con buenos ojos la irreverencia y procacidad que destilaban sus textos.

Desde 1949 se acentúa su decadencia física, moral y económica, pasando los últimos años de su vida en la más absoluta miseria, por sus fracasos económicos, su estado de salud, y el abandono de muchos. Vivía prácticamente recluido en su domicilio, donde le visitaba un reducido grupo de amigos: Serafín Adame, César González Ruano, y algunos jóvenes artistas como Gustavo Pérez Puig, Alfonso Sastre o Medardo Fraile. Falleció en Madrid el 18 de febrero de 1952, dejando inacabada su última comedia: Flotando en el éter. En su nicho reza una frase suya: “Si queréis los mayores elogios, moríos.

El anexo final de la biografía del “orador Mirabeau” nos ayuda a comprender mejor la identificación del actor con el personaje, que le llevará a los acontecimientos que describe la carta adjunta: de vida convulsa, prototipo romántico, podríamos decir, por su oratoria y su elocuencia, convertido en “el orador del pueblo”. Mirabeau no pudo jamás desprenderse de su oratoria; como el escritor de sus personajes; o el actor de un personaje concreto, o de todos ellos; o el policía de su pistola…

Anexo: sucinta biografía del conde de Mirabeau:

Fue un notable revolucionario durante la Revolución Francesa: destacando por su oratoria, especialmente en el Parlamento, reconocido por el pueblo como su orador. Figura ya polémica en su tiempo, su paso por la cárcel y los numerosos escándalos que protagonizó no le impidieron ser diputado y llegar a los Estados Generales como representante del Tercer Estado. Se le conoció por sobrenombres como “el orador del pueblo” y “la antorcha de Provenza“.

Retratos de Mirabeau (1789 y 1930)

Victor Riquetti, su padre (pensador fisiocrático, noble ilustrado), le envió con 18 años a un regimiento a Córcega, donde tras una intriga con la amante de su coronel, vuelve a la casa paterna, y propone nuevas formas de cultivo en las tierras familiares, con planes contra las inundaciones y escribe un opúsculo acerca del régimen despótico con que Génova había gobernado Córcega, que su padre no le deja publicar. Son los primeros síntomas de una creciente oposición entre padre e hijo que acabaría separándoles.

Se casa en 1772 con la hija del marqués de Maignani, quien no tenía dote, pero de la que esperaba heredar una gran fortuna, y ya marqués consorte (así se llamaba el conde de Mirabeau) empezó a dilapidar una fortuna de la que todavía no disponía, hasta acumular grandes deudas, que provocaron su primer ingreso en la cárcel, de la que se fugó y fue a reunirse con su hermana, la marquesa de Cabris. Volvió a protagonizar escándalos: se batió en duelo con un notable local y fue perseguido por su padre (Riquetti) quien, nuevamente, lo enviará a prisión en régimen de libertad limitada. Durante este periodo, frecuentará salones y se enamorará de la marquesa Sophie de Joux de Monnier, joven esposa del presidente de la Corte de Cuentas de Dôle.

En esta época escribirá su Ensayo sobre el despotismo, siguiendo los postulados de Rousseau. Persigue y seduce a la Marquesa de Monnier, con la que huye a Holanda, donde sobrevive como traductor. Apresados, ella es recluida en un convento y él encarcelado hasta 1780; en la cárcel desarrolla, de forma epistolar, un pensamiento ateo formal.

La violenta polémica con su padre, quien le persiguió, desemboca en la condena a decapitación por la Corte de Justicia de Pontarlier, y pagar una multa de 40.000 libras por el “rapto” al marqués de Monnier, pero consiguió escapar gracias a la extradición, lo cual le supuso un nuevo internamiento. Desde la prisión escribió varias denuncias contra las prácticas judiciales de la monarquía francesa. En 1782, obtuvo la anulación de la última de las acusaciones y en el litigio contra su mujer por abandono conyugal, para así recibir parte de la gran herencia que esta había heredado finalmente, alcanzó la popularidad en los tribunales gracias a su elocuencia. Después de perder el juicio contra su mujer, se fue a vivir a Suiza e Inglaterra, donde continuará su obra y, publicará panfletos contra los nobles que hacían comercios con la Compañía de las Indias y la Compañía de las Aguas.

En 1785 partió hacia Prusia encargado de una misión especial para operar un reacercamiento franco-prusiano a instancias del rey Luis XVI. Despechado por la falta de interés del monarca, se vengó publicando una Historia secreta de la corte de Berlín, sátira del Despotismo Ilustrado, luego le siguió La educación de Laura, que encierra un voluptuoso relato sobre la iniciación sensual y sexual.

A partir de 1789 se convirtió en un personaje muy popular entre los pobres. Fundó El Correo de Provenza y se unió a la Sociedad de Amigos de los Negros, publicando varios escritos que denunciaban las injusticias ligadas a los privilegios. Elegido diputado del Tercer Estado, presentó un proyecto de Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, e hizo votar la “contribución patriótica”, apoyando la nacionalización de los bienes del clero.

Reivindicó la nación provenzal y sus Cartas del Marqués de Mirabeau (1789) le colocaron en el centro de la política francesa, siendo elegido presidente de la Asamblea Nacional Constituyente desde la que intervendría en cuestiones políticas fundamentales como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el Veto Real, la Ley sobre la Declaración de Guerra y la Constitución Civil del Clero. Aún combatiendo el absolutismo, Mirabeau era, sin embargo, defensor de un poder monárquico constitucional inspirado en el modelo británico.

No pudiendo acceder a las carteras ministeriales, se convirtió en el consejero secreto de Luis XVI a partir de 1790, pero, pese a sus exhortaciones, jamás fue escuchado y su doble juego fue prontamente denunciado.

Su popularidad se mantuvo cuando le sobrevino prematuramente la muerte el 2 de abril de 1791, sentida ésta como un luto nacional. Su cuerpo fue pomposamente sepultado en el Panteón, en una de las ceremonias primeras de la exposición de cadáveres en la Revolución. ​Fue retirado de allí, en 1793, cuando se descubrieron los papeles del armario de hierro de Luis XVI, que probaban su familiaridad con los reyes y su percepción de una pensión de manos del soberano.

Bibliografía

– Jardiel Poncela, E. La tournée de Dios. Novela casi divina. Ed. Biblioteca Nueva, 2003.

El cadáver del señor García. Ed. Algar, 2007.

– Kesey, K. Alguien voló sobre el nido del cuco. Adaptación cinematográfica de Milos Forman con Jack Nicholson como actor principal. 1975.

– Michaud, Henri. Una vía para la insubordinación. Alpha Decay, Barcelona, 2015.

Antología poética. 3ª edición bilingüe. Ed. Adriana Hidalgo, Argentina, 2014.

– Weiss, Peter.Verfolgung und Ermordung Jean Paul Marats dargestellt durch die Schauspielgruppe des Hospizes zu Charenton unter Anleitug des Hern de Sade (Marat/Sade). 1964.

– Wikipedia.