Segundo acto: Currículum de escritor

Igor se desplaza ahora hasta Leighton, al sur de Inglaterra, donde se enfrentará por primera vez al mundo laboral. ¡Acompáñalo en sus diferentes trabajos!

No hay azúcar para todos

El siguiente paso era calentar el agua para fregar los platos. Vaciamos una garrafa y media en un recipiente metálico de base rectangular colocado sobre dos fogones. Lo tapamos para acelerar el proceso y, entre tanto, distribuimos más garrafas por la sala: dos para lavarse las manos; otra para preparar un zumo de naranja ultra-concentrado, y una última con agua hirviendo para el té. Justo antes de que la cantina se llenara de soldados hambrientos, Charlie me explicó la escasez de azúcar en el ejército y la importancia de dosificarla…

El club de los operarios

Y es que no podía evitarlo: soñaba con formar parte de aquel club de operarios a medio afeitar y sin más abrigo que el chaleco de seguridad. Mi virilidad se disparaba. El ritual de legar a casa cada día con la ropa negra y agujetas por todo el cuerpo; entrar por la puerta apestando a sudor, vapores causados por la fermentación y aceite de maquinaria pesada; desplomarme en el sofá, abrir una cerveza Guts y encender la televisión para desconectar: la liturgia del trabajador manual, en definitiva, me erotizaba hasta límites insospechados…

El insomnio del Maharajá

El Maharajá no perdonaba sus cinco mocas diarios, ni uno más ni uno menos. Una mañana le pregunté por qué tomaba tanto café. Llevaba como siempre sus zapatos de piel de punta fina, sus pantalones chinos ajustados de colores chillones (rojos en este caso), su casaca gris de botones enormes y su maletín. “No duermo por las noches”, me contestó sin entrar en detalles. Lejos de saciar mi curiosidad, su respuesta la disparó…

Cambio de planes

Hace una semana me escapé de casa y me vine al Reino Unido. ¿Por qué lo hice? Porque no era feliz en Madrid. Durante el viaje descubrí mi pasión por conocer diferentes culturas y formas de pensar, la necesidad de vivir experiencias nuevas y, sobre todo, mi vocación de escritor. La rutina de la vida universitaria no me inspiraba en absoluto. No había escrito una sola línea desde que volví. No podía seguir así…