El desván de relatos

No hay azúcar para todos

El siguiente paso era calentar el agua para fregar los platos. Vaciamos una garrafa y media en un recipiente metálico de base rectangular colocado sobre dos fogones. Lo tapamos para acelerar el proceso y, entre tanto, distribuimos más garrafas por la sala: dos para lavarse las manos; otra para preparar un zumo de naranja ultra-concentrado, y una última con agua hirviendo para el té. Justo antes de que la cantina se llenara de soldados hambrientos, Charlie me explicó la escasez de azúcar en el ejército y la importancia de dosificarla…

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Rencor social vs. Rencor racial

La vejiga le venía oprimiendo sin piedad desde la M-30. Ya no podía aguantar más. Divisó un hueco para aparcar frente al bar del “manchuelo”, 20. 12 h. El bar tenía el cierre medio levantado. Pedro Duermes se introdujo como una sabandija por el hueco y le indicó brevemente al camarero su propósito de urgencia: descender rápidamente al mingitorio. Recuperó poco a poco la respiración con la mirada perdida en las alturas: la cisterna y él expulsaban a borbotones, al mismo tiempo, en una catarata sin fin… Pensó en cuan lejos llegaría todo aquello…

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Los robots no escriben a mano

El problema es que un poeta sabe tanto de escribir novelas como de componer piezas para piano o de esculpir en mármol. Después de tres meses totalmente infructuosos, comprendí que necesitaba ayuda. Buscando información sobre talleres literarios, Goozon me colocó un anuncio de una empresa llamada WRI-TEC.

¿INMERSO EN EL TEMIDO BLOQUEO DEL ESCRITOR? ¡NOSOTROS PODEMOS AYUDARTE!

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Contrato Robot

¡Atención! Tiene un mensaje nuevo. 8:00 a.m. Martes 9 de Octubre, año 2045. Tiempo de visualización: 5 minutos y 43 segundos. Un holograma con un tono amenazante despierta a un tal señor Fernandez. El mensaje viene acompañado de un misterioso texto explicativo titulado “Contrato Robot”…

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Muerte en la página 184

Hacía años que sus libros de poemas, de narraciones breves, de novelas y sus columnas diarias en los periódicos le habían hecho un conocido escritor. Desde muy joven había sentido la facilidad para el verbo y la incapacidad para el número, el gusto por las letras y la...

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Seres de arena y agua

En mi último viaje he conocido a unos seres extraordinarios y me gustaría presentártelos. Además, escribir sobre ellos ayudará a hacerme una idea más concreta de lo que son. Ahora entenderás el porqué. Los encontré en un oasis esquinado del desierto más grande que nadie haya imaginado nunca…

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El club de los operarios

Y es que no podía evitarlo: soñaba con formar parte de aquel club de operarios a medio afeitar y sin más abrigo que el chaleco de seguridad. Mi virilidad se disparaba. El ritual de legar a casa cada día con la ropa negra y agujetas por todo el cuerpo; entrar por la puerta apestando a sudor, vapores causados por la fermentación y aceite de maquinaria pesada; desplomarme en el sofá, abrir una cerveza Guts y encender la televisión para desconectar: la liturgia del trabajador manual, en definitiva, me erotizaba hasta límites insospechados…

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Cuadro

El cuadro era observado con fingido interés por alguna especie: ¡significa la nada, el vacío!, dijo uno; ¡qué va!, dijo otro, es la eternidad, el universo cargado de energía. Pero ¿no veis ese punto negro apenas perceptible?, repuso un tercero, el individuo, es el individuo frente al todo, una atrevida apuesta por la libertad…

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El concierto de John Mayall  

De repente estaban detrás de nosotros: ella y yo, con las melenas sueltas, aún con tanto abrigo se notaba su calor. No sé, tal vez se pudiera ver el vapor encerrándola por el choque del frío y su esencia vital. Ellos tenían la pinta de malotes del barrio: se pusieron en fila detrás de nosotros; una sombra negra, un presentimiento de mala pata; empezaron a cerrar la distancia y a silbar; llevaban botes de cerveza congelando las manos, sin guantes; esto iba a salir mal…

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