Y la Esfinge planteó a Edipo el siguiente enigma: ¿Cuál es el animal que por la mañana tiene cuatro pies, dos al mediodía y tres en la tarde?

Querido Igor.

Dadas las alusiones directas a mi persona (veo que te diriges a mí como “Máxima autoridad”; por fin me nombras como debes, aunque sea con una ironía cargada de desprecio), me veo obligado a dar una respuesta. Lo haré en especial para nuestros lectores y barberos, argumentando “punto por punto” con la vaga esperanza de que reflexiones un poco más y, sobre todo, con el fin de poner las cosas en su sitio. Para ello, trataré de seguir un orden dentro del caos de ideas que planteas. Empezaré por el principio.

Coincido contigo en que todo termina, nada permanece, al menos del todo. Sin embargo, este Proyecto no va a terminar ahora ni de esta forma que planteas.

También coincido en que posees ese optimismo infantil que te ayuda en algunos aspectos. Sin embargo en este caso diré que no lo veo como una ventaja, más bien lo interpreto como una barrera que te limita, una cárcel interior de la que con el tiempo escaparás para ser libre de las ataduras emocionales que te conducen a tomar decisiones tan drásticas como esta. El mismo Platón te aconsejaría que cogieras las riendas de tus pensamientos con más precisión para
tomar el control nuevamente, que dominases tu carruaje para calmar y así conducir tus emociones. Construyes razones para interpretar tus emociones, pero no las entiendes. Es un ejercicio fatuo en el que no mandas tú, tu gran desgracia es que eres un títere de ti mismo. Mi consejo es que busques la calma para encontrarte, no racionalices, muchacho. Controla tus emociones de verdad y actuarás, ya si, desde la consciencia plena.

Pero dejémonos de filosofías. Sigo.

Hablas también de progreso con un deje tristón. Progreso personal… ¡Discrepo! Las Barbas de Platón es un proyecto colectivo y el progreso del siglo XXI es cooperativo, colaborativo, coordinado…Solos no somos nada.

Pero parece que has perdido la fe por unos cuantos reveses, algunos conflictos, algunas dificultades. Entonces vas y nos abandonas. Resuenan en mi mente palabras como cobarde, iluso, vanidad, ego, emoción desbocada…

Y te dedicas a justificarte. Dices que en estos dos años has reflexionado mucho (“Que nadie piense que son el fruto de un calentón momentáneo: las he ido madurando durante estos dos años…”). Yo te pregunto: ¿qué son 2 años en la vida de una persona? ¿Pensarás lo mismo dentro de otros dos? ¿Qué son dos años en la historia del pensamiento? ¿Y de la historia de la Tierra? Me viene otra vez a la cabeza una palabra: VANIDAD.

Dices que el proyecto ha llegado a su ocaso. Yo te pregunto: ¿Por qué? ¿Porque TÚ lo has decidido?

Y entonces dices que abandonas…y yo te sigo preguntando: ¿Acaso no lo hiciste ya hace un año cuando te fuiste a completar tu currículum de escritor? Reconozco que nunca me gustó ese movimiento, pero lo asumí como parte de tu formación, como algo propio del impulso juvenil. Quieras o no reconocerlo, en ese momento NOS ABANDONASTE. Es verdad que aportaste algunos relatos de tus experiencias y seguiste de lejos el avance de la Sociedad, pero no puedes decir que es AHORA cuando abandonas el barco. Ya lo hiciste hace tiempo.

Y el proyecto ha seguido sin ti. ¿Que esto se desmorona? Eso lo dices tú. No eres tan importante, Igor. Nadie es imprescindible. Las BARBAS DE PLATÓN es un PROYECTO DE TODOS.

Las tendencias perniciosas respecto al PODER que mencionas en tu reflexión las comparto, si bien se pueden conducir a buen puerto si se tratan con destreza y la existencia de un líder estable, único y fuerte.

Generalmente en la sombra, he tratado de mantener esa posición y, aunque he cometido errores, creo que he conseguido mantener este proyecto a flote a pesar de tu prolongada ausencia. ¿Luchas encarnizadas? ¿Abandonos silenciosos y paulatinos? Exageras. Hemos mantenido la publicación constante de relatos hasta el día de hoy con un elenco variado de escritores. Yo también estoy muy agradecido a los colaboradores externos, pero no hagas de menos a nuestros Barberos, tal vez se sientan ofendidos.

Y ahora hablemos de la MOTIVACIÓN, esa piedra de toque en la que nunca hemos coincidido. Pronto aprendiste que la motivación parte de cada uno y en la relación que haces con el trabajo puedo estar de acuerdo, los deadlines empujan al trabajador a hacer lo que se le dice en el tiempo que se le dice. Pero aquí estamos haciendo ARTE, y el artista necesita fluir en libertad. Picasso decía “que la inspiración me encuentre trabajando”. Eso funcionaría para él porque se lo tomaba como un trabajo, algo que entiendo que te ocurre a ti. Pero este proyecto no busca “escritores profesionales”, busca “escritores vocacionales”, pretende que cada uno se exprese, que experimente, que proyecte fuera de sí sus obsesiones, sus frustraciones, sus ideas, sus anhelos, en definitiva, su esencia. Y todo ello de forma artística. ¿Tan difícil es de entender?

La mayoría de grandes escritores a lo largo de la historia han sido personas con sus necesidades básicas cubiertas. Generalmente de clase acomodada, me vienen a la mente nombres como Hemingway (hijo de médico), Verne (hijo de notario), Joyce (hijo de recaudador de impuestos), o Byron y Baudelaire (“ricos hijos de puta”), por citar algunos. El resto de casos, salvo contadas excepciones, tenían un misántropo o un mecenas como yo con los barberos que les avalaba (echa un vistazo al periodo del Renacimiento y lo entenderás). La clave de lo que lograron estos referentes es que no se lo tomaron como un trabajo.

Al igual que los grandes, nuestra propuesta es desarrollar “el arte por el arte”. Me niego en rotundo a compararlo con un trabajo. Nunca quisimos que los barberos lo vivieran como una obligación.

Reconozco que tu método puede resultar efectivo para conseguir resultados en cuanto a cantidad (de relatos) en el corto plazo, pero en el largo plazo sin duda genera ese abandono silencioso y paulatino del que hablabas; o peor aún, la llegada de los conflictos. Viéndolo así, creo que tu marcha ayudó a reconducir este barco.

Mi propuesta se encamina a conducir y facilitar la LIBERTAD CREATIVA, la búsqueda de la CALIDAD por encima de la grisácea cantidad.

Como ves, dos modelos contrapuestos, dos formas de ver las cosas. Te fuiste y perdiste esa autoridad moral con la que te vistes. Por momentos me recuerdas al cuento de “El Traje del Emperador”, ¿lo conoces? En un año trabajando has aprendido mucho, pero todavía te queda camino.

Voy terminando. Comentar que tu pesimismo me abruma y mi visión actual está muy distanciada. El proyecto sigue adelante sin ti.

Dejar claro que yo no renuncio a este JUEGO COMPARTIDO. Invito a lectores, colaboradores y Barberos a seguir jugando y a decidir si queréis bajaros o no del Barco. Sin duda, ambos queremos conocer vuestra postura.

En cuanto a ti, Igor, ME DECEPCIONAS. Adelante, salta del Barco, niño cobarde. YO ME ENCARGO. Hablas de quitar caretas. Adelante, yo no tengo nada que ocultar. Tú, sin embargo, deslizas algunas cosas misteriosas en tu discurso. Cuéntame, soy todo oídos.

Me despido con una pequeña reflexión. Es mi regalo para ti.

Siempre pasa lo mismo. Edipo mata a su padre y lo descubre después, cuando ya es tarde. Tu pecado es la inocencia de tu juventud y la vanidad subyacente. Te recomiendo que leas la historia de Edipo. Por mi parte, te dejo la respuesta a la pregunta que Edipo dio a la Esfinge:

“Es el Hombre, pues en su infancia anda sobre sus manos y sus pies, cuando crece anda solo con los dos pies y, en su vejez, se ayuda de un bastón como si fuera un tercer pie”.

Tú quieres “matarme” como dijo la profecía y te comportas como un niño que gatea, con el corazón desbocado y los ojos semiabiertos. Te equivocas y mucho. Te dejas llevar por el ego y la vanidad propias de tu juventud y tu emotiva percepción del tiempo. Es eso mismo, el tiempo, lo que me dará la razón. Espero que reflexiones más y mejor.

Siempre atento y dispuesto.

Amalfitano.