De: viajerbagdad
 Fecha: 4 de abril de 2018, 17:45
 Asunto: mensaje encriptado
 Para: lasbarbasdeplaton

 

 

Queridos amigos:

Al volver de vacaciones de Semana Santa y poder por fin descansar de capirotes, tambores y trompetas, me encontré en el buzón un aviso de correros para recogida de objeto no identificado. El aviso omitía el remitente (eso sí, parece que venía de Burgos), y como destinatario aparecía: Igor (Las barbas de Platón), y mi dirección postal. Pensé que era en principio una equivocación e inmediatamente deduje que era una cosa de Chinaski y la próxima publicación de su última novela. Cosas de trotamundos, concluí.

Llegado a la Oficina de Correros, se me comunicó, verbal y anímicamente, tal era la cara de estupor de la funcionaria, que no me podían entregar el “objeto”, cosa que yo ya intuía, puesto que:

 No había un destinatario claro.

 Ese posible destinatario, Igor, ¿quien era? ¿y su DNI?

Estoy convencido de que poseo una especial habilidad para el trato con las funcionarias de Correos, porque se activó la lucecita y recordé aquel pasaje relatado en Serendipity (Suceso/deceso de verano), desplegando algunas artes de seducción, por lo visto innatas.

Haciéndome cómplice de su asombro, le hice ver que si no me lo entregaba y lo devolvía había un problema en ese indeterminado Burgos. Ante lo cual le arranqué la primera sonrisa.

Le comenté a continuación que presentía que el objeto era un libro, un simple libro y no una carta bomba.

Sabía que eso la contrariaría, pero contraataqué inmediatamente.

–Verá Vd. “La barbas de Platón” es una sociedad literaria a la que pertenezco, y también Igor.

–Pero…Vd. no es Igor, ¿o sí?

–No, pero y si lo fuera ¿me lo daría?

–¿Y cómo sé yo que Igor es Igor?

Le di la razón. Vuelta a empezar. Déjeme que le cuente… Y le conté brevemente la historia de sociedad secreta de Las barbas de Platón. Observé que su expresión pasaba poco a poco de la negación a la incertidumbre y que la curiosidad iba ganado terreno.

Cuando le espeté que esto bien podría ser una broma de su tío Amalfitano a su sobrino Igor, la hilaridad, por fin, se apoderó de su rostro.

–Y Vd. entonces ¿quien es?

–Viajer Bagdad –respondí con orgullo. Todo ha debido ser una confusión.

–Está bien, dijo, ya relajada. No debería, pero se lo entregaré. Que no se diga que no quiero colaborar con las acciones de su sociedad.

Volvió con un paquete, que en efecto parecía que contenía un libro, que lo era.

–Gracias, ¿necesito firmar algo?, repuse educadamente.

–No, puesto que en este caso quedará como que nadie ha recibido nada. Además, ¿qué DNI le pondría Vd. a Igor?

Nos reímos a la vez con miradas de complicidad.

–Eso sí, ¿me podría dar Vd. el enlace de la página?

–Por supuesto, exclamé dichoso. Y se lo di.

–Adiós, muchas gracias.

–Bueno, la próxima vez que venga Igor en persona –me sugirió entre risas.

Quité el papel del envoltorio, más bien lo arranqué: un libro titulado Establo, de un tal Daniel De Culla, que, hojeado rápidamente, disponía texto e imágenes en abundancia.

Al principio pensé que Dani Chinaski tenía ese pseudónimo, “De Culla”, pero al ver la sucesión de relatos cortos, poesías, dibujos, collages, etc…, y ¡claro!, ya me acordé del ínclito Daniel Orviz, con aquel MecánicaPlanetaria y su suplemento de cómic infantil, que recuerdo con deleite, o como contendiente en combates imaginarios con Nacho Aldeguer en veladas nocturnas madrileñas.

Decidí ir al barbero a cortarme el pelo y, entre esquileo y rasurado, hincarle el diente al libro incógnito. Acomodado en el trono de barbero de mi amigo moro Ismail, me sometí dócilmente a sus manos. Mientras, yo, con las mías, hojeaba detenidamente el contenido (parece que Ismail también lo hacía), hasta que sentí el sobresalto en la mano del barbero, que estuvo a punto de llevarse una oreja con su navaja, y pude ver su sonrojo a través del espejo (adjunto imagen de la página que nos ocupa en Figura I).

Figura I. Ilustración del libro El Establo de Daniel de Culla.

Procedí presuroso a dar por terminada mi investigación, respirando con alivio al comprobar cómo el barbero también recuperaba el pulso.

Al salir de la barbería, ya con un aire nuevo, tropecé con una hoja, un dibujo más bien, de página de libro arrancada y pisoteada por los transeúntes (acompaño imagen en Figura II), donde se representa a unos monjes con caras desdibujadas sosteniendo una calavera en un cementerio. Pensé que sin duda era una buena alegoría de la Semana Santa, y la utilicé como marca-páginas para seguir leyendo el libro posteriormente.

Este, no tiene en principio, orden ni concierto, sucediéndose como ya dije, textos y dibujos, poesías y collages, con el hilo conductor del Establo, pues hace referencia continua al burro, y con un contenido verdaderamente procaz, no apto para menores. Sucesión de textos en inglés y español, salpicados de cartas de gentes diversas de otros países. Un caos expositivo donde se alternan textos extraños con otros espléndidamente lúcidos. Una luminaria imaginativa que con desparpajo destila sarcasmo sin corrección política o cultural alguna. Desde luego diana para cualquier censor que quisiera aplicar las leyes que últimamente nos protegen.

 

En resumen, parece un “memorándum” o compendio, o currículo de sus últimas actividades. Altamente recomendable. Un poco de luz y aire fresco. Una risotada estupenda.

Valga un pequeño ejemplo:

Comentario sobre Las moscas, de Samaniego: “A un lupanar de rica poesía dos mil pollas acudieron…”.

Posdata: Entiendo, Igor, que por alguna razón estás ausente, y que tu tío Amalfitano sea una persona ocupada. Me tomo esto como una broma, aunque quizás sea algo con un sentido más profundo… En cualquier caso, me es indiferente. Lo que sí me parece importante es que vosotros entendáis que, en vuestra ausencia, esto seguirá marchando del modo que decidamos los que sí estamos. Mientras os ponéis de acuerdo, en medio de mi lectura de Tiempos oscuros, de John Connolly, le haré un hueco al facsímil del tal Daniel De la Culla, del que iré dando cuenta, hasta que lo recojas.

Posdata (bis): por si no te percataste de cómo me están afectando mis últimas lecturas, te recomiendo que vuelvas al inicio del correo. Recuerda que me debes una. Saludos allá donde estés… y también para tu tío.

Por cierto, coincido plenamente con John Lennon cuando, a pregunta tan existencial como ¿Qué es la vida?, respondía que era “aquello que hacías mientras pensabas qué ibas a hacer”. O algo así.

(…)Life is what happens to you
While you’re busy making other plans (…)
Beautiful boy (darling boy) – John Lennon.

Eternally yours.

Viajer Bagdad.

 

 

Figura II. Monjes con caras desdibujadas sostienen una calavera en un cementerio.